El gran Gatsby

El gran Gatsby

Juan Pablo Rosado Jaime | 1º Bachillerato

El Gran Gatsby comienza como una crónica de los extravagantes años veinte en Estados Unidos (época caracterizada por la increíble bonanza económica posterior a la I Guerra Mundial y por la frivolidad de las clases más adineradas) para, luego, convertirse en una historia de amor y terminar como una tragedia clásica.

La obra empieza con la presentación del narrador –Nick Carraway–, un joven del Medio Oeste, graduado en Yale que, tras participar en la Gran Guerra, se traslada a Nueva York para trabajar como negociador de bonos. Aunque la intención de Carraway es quedarse en el Este para siempre, desde el principio sabemos que regresará al Medio Oeste hastiado de la vida de la gran ciudad.

A través de los ojos de Nick conocemos a todos los personajes, aunque a la mayoría se les describe de manera bastante superficial, quizás porque al narrador no le interesa profundizar en ellos. La única excepción es Jay Gatsby (en realidad James Gatz), del que vamos a conocer algo más de su historia: un hombre hecho a sí mismo, con decidido empeño y férrea disciplina, y no solo en el sentido meramente económico o financiero, sino en el de una nueva personalidad más acorde a sus pretensiones sociales, con un solo objetivo, huir de la situación de penuria económica que en su juventud hizo imposible su amor con Daisy, integrante de la alta y opulenta sociedad, y recuperar de ese modo un idilio juvenil casi mitificado por él. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos y de su enorme éxito en los negocios, el trágico final de Gatsby va a dejar claro que es imposible huir del propio origen, como si nos marcara a fuego para toda la vida, y que no está a nuestro alcance recuperar un pasado idealizado que ya se fue para no volver.

Los primeros capítulos parecen lentos, con unos personajes en constante fiesta, paseando su frivolidad entre música, alcohol y aventuras sentimentales. Pero de repente, en la parte central de la obra, la acción de acelera, se desencadenan las pasiones. Con el eje de la narración de la historia de Jay Gatsby, su origen, la imposibilidad de su amor con Daisy, debido a las diferencias sociales, y sus esfuerzos para ascender en la escala social y recuperar a su antiguo amor, nos precipitamos en la maraña de pequeños sucesos y detalles que, debidamente soldados por el autor, desencadenarán el trágico desenlace de la historia.

Gatsby ambiciona entrar en una sociedad que nunca le aceptará como a un igual, por mucho dinero que tenga. Los ricos de toda la vida son una especie de grupo cerrado al que no se entra sólo con dinero. El retrato que el autor que hace de la alta sociedad es devastador, la manera en la que se divierten usando y aplastando a los demás, cerrando puertas a quienes se han esforzado más que ellos (simples herederos) por adquirir una posición. Quizás las que salen peor paradas son las mujeres ricas, esos seres que deambulan por la novela con gesto de aburrida indiferencia, que a veces muestran una chispa de diversión en la mirada pero que, ante cualquier adversidad, optan por la seguridad que da el dinero. Se muestran como seres débiles en busca de alguien que se ocupe de ellas y, sin embargo, sacan una fortaleza de hierro y una innata capacidad para mentir cuando se ven acorraladas.

En definitiva, El Gran Gatsby es un retrato de la alta sociedad de los felices años veinte, de sus ricos de siempre y de los nuevos ricos, de los jóvenes aburridos y hastiados de tenerlo todo. Un retrato de un grupo cerrado de gente que arrolla a quien se le pone por delante con tal de conseguir lo que quiere y protegerse del escándalo.

El trágico final de la historia parece una premonición del propio desenlace de esa década de riqueza y derroche, que vino de la mano de la gran depresión del 29.

Hamelin

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Isabel Lagunilla Hernández | 2º de Bachillerato

…Telón.

En este momento José Mari no sale de mi cabeza, pero quizás realmente no es este chico quién está en ella. Reconozco que he sentido miedo, pavor, desconfianza ante la sociedad, mil ideas han dado vueltas en mí, mil momentos en los que quizá intentase buscar un José Mari real, alguien de mi entorno, alguien a quien poder ayudar. He sentido miedo y lo siento, intento recordar detalles que me conduzcan hacia alguien como el señor Rivas. Tal vez Juan Mayorga haya hecho que me implique demasiado en la obra. Me encuentro desconcertada, y siento la necesidad de conocer los miedos del chico, necesito que llore o grite, que se muestre ante el mundo sin miedo; sin embargo el telón ha caído. Dejándome con la incertidumbre, con ganas de seguir sintiendo en mí, por unos instantes más, como un niño se avergüenza de lo que no ha hecho, como la inocencia de un niño le lleva a ocultar a quien le daña por creer que lo quiere. Ya no hablo de José Mari, tampoco hablo de lo que Hamelin  ha removido en mí, hablo de miedo. De miedo de verdad, de miedo de una sociedad perversa, demasiado animal, demasiadas “ratas” impulsadas por unos instintos enfermos, pero unos instintos que al fin y al cabo no dejan de ser humanos, y lo humano es animal, por poco que nos guste.

Siento asco y repugnancia. Y pena. Pena por el chico, pena por su padre, por su madre, pero lo peor es mi sentimiento de pena y culpa hacia el pederasta. Me siento mal sintiéndola, pero no puedo evitarlo. Me gustaría poder comprender por un instante qué se mueve dentro del abusador, dentro de quien no respeta un cuerpo inocente y se siente atraído por estos. Me encantaría entrar por un momento en su mente, sentir ese supuesto placer, y a partir de entonces, intentar comprender sus impulsos. La maldad, el mal, el bien, lo que es bueno para el chico… quizá sea verdad eso de que no quería hacerle daño, quizá tan solo para él eso fuese lo bueno y lo que él creía bueno también para su “amigo”.

Y si, como he dicho, para él es lo bueno, ¿quién es el que se equivoca, Juan Mayorga, el detective, yo? Es asqueroso plantearme esto. Pero no puedo evitarlo. Me horroriza sentir esta culpa por ser humana, por ser manejada por unos sentimientos que quizá no son buenos para otros mientras yo los considero así.

La rutina infinita

el extranjero

Rubén Durán García | 1º Bachillerato

Érase una vez un hombre cuya rutina fue alterada. No era divertida. La vida de un oficinista, por lo general, no solía serlo. Quería romper con ella, aunque luego pensó que mejor no. En realidad, le daba igual. Ya estaba muerto. Seguía vivo, pero estaba muerto. La rutina le mató. Cada parte de su ser fue asesinada brutalmente y sin piedad por un enemigo del que era reacio a librarse. Ya no sentía felicidad ni pasión. Ya no sentía odio ni amor. Su interior quedó vacío y ya no se podía llenar. Su madre murió. No lloró. Cometió un crimen sin motivos. No se arrepintió. Fue caro el precio a pagar. La condena fue más alta de lo que había imaginado. No por el delito, no. Sino porque ni en el funeral ni en el juicio, mostró emoción alguna.

Llegó un momento en su vida –aunque se desconoce cuándo– en que no quiso avanzar más. Comenzó a desear que las agujas del reloj se detuviesen. Que no llegase la próxima hora, el próximo día. Quiso echar el freno. Intentaba evitar ciertos compromisos, ciertas situaciones de las que sabía que, por mucho que esfuerzo que pusiese en ello, no podía librarse. Como si fuera una simple palabra que formaba parte de un libro que ya estaba escrito y no se podía cambiar. Al más corto o al más largo plazo, la vida siempre le acabó llevando a dónde tenía que estar. Fuese esto justo o injusto. Es una realidad que tuvo que asumir, hubiese estado dispuesto a ello o no. El tiempo corre. No se para. No espera a nada ni a nadie. Del destino es imposible escapar. Contra el destino, no merece la pena luchar. Su madre murió. No lloró. Y Meursault se dio cuenta entonces.

Ese punto de inflexión determinó el rumbo que tomó su camino. Un trayecto plagado de pruebas que no tuvo el menor interés en superar. Simplemente pasó por ellas, siempre acompañado de una profunda apatía y pasividad. Se dejó llevar por la corriente hasta que le llevó al mar, donde siguió vagando sin rumbo. Fue indiferente ante lo que pasaba delante de sus ojos y así comprendió lo absurdo de ciertas cosas que antes no era capaz de ver, como que el singular hecho de no creer en Dios le hiciera parecer extraño. Dejó de juzgar, para comenzar a ser juzgado. Pero no se defendió. No. No se justificó. No. Fue consciente en todo momento de sus actos. Apretó el gatillo. No los hizo sin darse cuenta. Mató al magrebí. Hubo una voluntariedad por su parte a realizarlos. Le dio tres tiros más. Por eso, no necesitaban de explicación. No tenía razones para ello, nunca se cuestionó el porqué de su asesinato. Meursault no vivía su vida en función de los demás. No pensaba en si algo estaba bien o estaba mal. No tenía creencias. La vida no era justa, no es justa, por lo tanto, no disponía de sentido de la justicia. La sociedad no era justa, no es justa, por lo tanto, no seguía sus dictámenes. No lloró la muerte de su madre; aceptó el amor de una conocida desconocida sin mostrar en ningún instante signos de reciprocidad; aceptó la amistad de un machista y maltratador que no se daba cuenta de que era un machista y maltratador; y fue el primero en concebir la muerte como lo que realmente era y es, simple y llanamente como el inevitable final de la vida al que todos llegamos más tarde o más temprano, una vida en la que no somos libres, en la que estamos atrapados entre los barrotes de una cárcel invisible, una vida de la que, por mucho que pensemos que sí, no somos dueños.

Al contrario de lo que muchos piensan, Meursault no era un hombre cruel. No era frío. No era insensible. Solo era un hombre cuya rutina fue alterada por situaciones que rompieron la espiral de monotonía en la que estaba acostumbrado a vivir y en la que nunca tuvo la necesidad de manifestar ni de compartir sus sentimientos. Meursault, al fin y al cabo, solo era diferente, un extranjero en su propio entorno. Y ese era y es un pecado que, tanto en esa como en esta sociedad, no se perdona.

 

IDA. Las mujeres en tiempo de guerra.

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María Barriga Romero | 2º ESO A

 

Las mujeres protagonistas de esta película tienen una vida muy diferente. Wanda, la tía de Ida, es una mujer que ejerce la profesión de jueza. Wanda tiene poder, mucho dinero, una buena casa, tiene todas las comodidades que necesita… También tiene prestigio, pero le falta lo que necesita cualquier persona, no tiene una  familia a la que querer, ni una familia que la quiera, su vida se basa en levantarse por la mañana a la hora que quiere, beber alcohol de manera compulsiva, fumar sin preocuparse por su salud, se arregla y se pinta, sale y cada noche despierta con un hombre diferente.

En la guerra mataron a su hijo pequeño y a su familia, por eso ella no sabe ya como vivir, su vida es muy injusta y vive con la culpabilidad de la muerte de su familia. Wanda piensa que le ha pasado eso por haberse ido a la guerra a matar gente. Vive muy triste.

Ida, su sobrina, desde pequeña vive en un convento, las monjas la han recogido porque era huérfana, ella tampoco tiene familia hasta que conoce a su tía. Ida no tiene nada en la vida, su vida es muy aburrida, todos los días hace lo mismo, come diariamente a la misma hora cumpliendo siempre los horarios, vive una vida limitada por órdenes, necesita divertirse, disfrutar de la vida. Cuando sale a descubrir el mundo en busca de sus antepasados se queda fascinada de todas las cosas que se está perdiendo, el mundo fuera es muy diferente al silencio del convento, ella jamás se había reído… Prueba las cosas que tenía prohibidas, “los pecados” antes de hacerse monja, pero al estar acostumbrada a la vida de rutina diaria, prefiere esa vida encerrada en el convento, rezando todo el día, en silencio y sin vivir libremente. Así que después de haberse enterado de sus orígenes, después de haber conocido a la única persona de la familia que quedaba viva y después de haber probado “los pecados” decide volver al convento.

Al final, sus vidas son muy diferentes y, a la vez, muy iguales.

 

Crítica de la película Ida (2013) dirigida por Pawel Pawlikowski.

Maltrato animal

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Alba Mulero Martín | 2º ESO D

Nuestra vida se ve condiciona por la posesión de animales domésticos en nuestra casas. Según un estudio, en España el 80% de las familias poseen mascotas, ya que poseen, al menos, un perro o un gato. Aunque también se ha descubierto que se abandonan 200.000 mil animales cada año. ¿Cómo es posible?

Es desconocida la causa de estos abandonos, pero tampoco hay que ser muy inteligente para saberla. Aquellos que tienen mascota, ya sea por cualquier viaje, trabajo o cualquier problema, deciden abandonarla y algunos dueños, además, deciden maltratar al animal para deshacerse de este rápidamente. El maltrato animal está prohibido, y debemos hacernos cargo y ser responsables ya que son seres vivos como nosotros.

Aunque gran parte de la sociedad no lo crea, los animales domésticos nos ayudan a muchísimas cosas, como, por ejemplo: acompañar a los mayores o a los ciegos para ser guiados, para los niños con discapacidades mentales, o, incluso, para algunos trabajos como la caza, el pastoreo o trabajos de la policía.

Sin embargo, existen personas que sienten un amor incondicional por su mascota, y la consideran una más de la familia.

En definitiva, el maltrato animal está muy mal, ya que son seres vivos y tienen los mismos sentimientos que podemos tener nosotros e, incluso, si encuentras un animal abandonado, ¡adóptalo!, ya que puede darte experiencias buenas a cambio de que le salves la vida.

 

El aborto

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Nerea López Mateo | 2º ESO D

 

En la televisión, en la radio o, incluso, en la vida diaria, vemos cada vez más chicas de corta edad embarazadas, esto es debido al desconocimiento de los métodos anticonceptivos o a mantener relaciones sexuales a una edad temprana.

El caso de que una chica entre los quince y los diociocho años se quede embarazada es cada vez más frecuente, al igual que el aborto. Estas chicas no quieren ser madres por lo jóvenes que son, porque no tienen los estudios acabados o, incluso, por el qué dirán. En cualquier casa recurren a este método para acabar con la vida de sus futuros descendientes. A este acto se oponen muchas mujeres ya que dicen que si lo has concebido es porque tú has querido o te has dejado, otras están a favor ya que también consideran el acto de violación y que si se queda embarazada no ha sido por voluntad propia, ambos casos están bien argumentados, pero ¿y si la voluntad de las chicas también influye? ¿Y si no es sólo el qué dirán sino el planteamiento de la chica en sí sería capaz o no de criar al futuro bebé y la responsabilidad que esto conlleva?

En mi caso también vengo de un embarazado precoz, en el que ambos progenitores asumieron la responsabilidad con apenas veinte años, y yo concretamente considero el aborto algo innecesario en algunos casos.

En definitiva, no estará mal que cada uno de los jóvenes y sus parejas afrontaran la situación, ya que si son adultos para hacer unas cosas, también son adultos para afrontar la responsabilidad que esta situación puede traer, aunque estoy a favor si este futuro bebé ha sido por una violación o cualquier tipo de acción obligada, en cualquier caso los bebés no tiene culpa de nada y pueden ser niños muy felices con otras familias gracias a los centros de acogida.

Crecer. Una reflexión sobre Los detectives salvajes

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Aurora Campos Díaz | 2º de Bachillerato

 

Es gratificante encontrar algo que te apasione, ya sea literatura, música o incluso algo mucho más simple como pueden ser, por ejemplo, unas flores. El hilo conductor de la trama puede ser la literatura. Una generación de poetas que pretenden cambiar el mundo o al menos la poesía conocida. Diferentes miembros de un movimiento que se han conocido por casualidad y que comparten diferentes momentos. Se distinguen tres partes en el relato, aunque pensado con detenimiento son dos tan solo. El diario de un joven que nos cuenta varios meses de su vida interrumpido por las mil historias que viven dos poetas a lo largo de los años y del mundo con el objetivo de ir en busca de un escritor.

La libertad de escribir un diario es mágica. Libertad para plasmar cualquier cosa dirigiéndose a uno mismo, narrando hechos en primera persona siendo el protagonista de tu propia historia. La primera y tercera parte de esta novela son, como ya he mencionado, precisamente eso: un diario. Nos trasladamos a la Ciudad de México, recorremos sus calles y sus casas a través del diario de un aspirante a poeta de solo diecisiete años. Comenzamos viendo a un adolescente descubriendo poco a poco la vida. Toma la tan difícil decisión, en algunos casos, de qué camino tomar para orientar su vida. Opta por un sendero equivocado que no desea pero que le imponen, lo cual hace que desista y abandone. Es muy importante decidir nosotros mismos lo que queremos hacer en nuestra vida. Al fin y al cabo somos nosotros quienes vamos a tener que vivirla.

La palabra crecer lleva consigo muchas acepciones. Crecer es descubrir, es aprender, es madurar. A medida que se van sumando los años vemos de cerca diferentes aspectos de la vida. En la adolescencia comienza el descubrimiento del sexo, la decisión de tomar o no determinadas drogas, el cruce con personas complicadas. Nunca se puede estar bien al completo. Cuando creemos haber alcanzado ese estado conocido como felicidad algo pequeño se tuerce y nos lo arrebata por momentos. Sin embargo, solo es necesario recapacitar un poco para darse cuenta de que nuestros “grandes” problemas pueden ser para otras personas simples nimiedades. Mientras que para una persona un desamor puede ser el mayor dolor que conoce, a solo unos metros puede haber otra luchando por conseguir algo que llevarse a la boca.

La mejor parte de la vida es, con mucha probabilidad, la juventud. Es la etapa de mayor aprendizaje. Te adentras en el mundo del amor, descubres lo maravilloso que puede llegar a ser. Va acompañado del sexo y en última instancia también del desamor. Surgen las primeras ilusiones, con sus correspondientes desilusiones. Te enamoras con locura de una persona para, apenas dos días después, hacerlo de otra. Te cruzas con mil personas, algunas te acompañan durante gran parte de tu vida, otras se van en un determinado momento y otras solo están en un breve capítulo de tu vida. En esta época también se empieza a comprender que no todo es tan fácil como se creía siendo un niño y que las cosas no suelen salir como uno había imaginado.

Se trata de una novela larga, con muchas historias, pero que están relacionadas gracias al nexo de unión que constituyen los protagonistas, miembros del movimiento llamado ‘Real visceralistas’. En la trama aparecen personajes de diferentes clases sociales: arquitectos que han tenido éxito y disfrutan de un buen nivel económico, camareras que consiguen mantenerse, prostitutas que a duras penas salen adelante. Esto es notable en el estilo. Se mezclan niveles de lengua. Se habla de poesía con cierto entendimiento al mismo tiempo que se comentan los temas más comunes con un lenguaje más vulgar. El escritor es mexicano, por ello su lenguaje está plagado de términos y “muletillas” propias de este dialecto. Esto hace pensar la gran diversidad de la lengua. Es sorprendente la cantidad de palabras que hay en un idioma para un mismo concepto.

En definitiva, Los detectives salvajes es una novela compleja que muestra a la juventud con su característica rebeldía, que pretende acabar con las normas establecidas, descubrir la vida y partir en busca de un sentido y un ideal. Es interesante, te atrapa y te obliga de forma sutil a que quieras seguir leyendo.

Si te dicen que caí

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Inés Pluma Jaramago | 2º de Bachillerato

 

Hombres de hierro,
forjados en tantas batallas,
soñando como niños.
Juan Marsé

 

Una obra, un ensayo, un acontecimiento, la vida… Aventis.

Las llamadas aventis son historias orales que cuentan sucesos fuera de lo normal. Pero, la pregunta sería: ¿qué es normal?, ¿qué no es una aventis?

Estamos ante una novela dura, compleja, amarga, frustrante e irritante. En ella aparece claramente reflejada la mismísima miseria. Pero no sólo a nivel económico, pues la pobreza no es lo único que se puede denominar como ‘’miseria’’. También a nivel moral y físico. Se expone la España de los cuarenta, la vida de la posguerra. Una pesadilla para todos aquellos que vivían en malas condiciones y un gran sueño para los que, mal que nos pese, poseían buena vida por haber ganado la guerra.

Es, cuanto menos, impactante el encontrarse de frente con la imagen que se nos expone, a la par que confusa, con varios puntos de vista, en concreto dos: el de un grupo de niños marginados y el de la generación que les predece, los luchadores contra el régimen franquista.

Como un rompecabezas en el cual no eres capaz de encajar las piezas a la primera y en el que, por ello, tienes que esforzarte en ir recomponiendo por el camino.

Y difícil de seguir. Con tramas cruzadas, mezcla de hechos y fantasías, personajes a quien a veces no identificas cuando están hablando.

Ni siquiera estoy segura de haberla entendido bien, porque, ¿cómo podemos estar seguros de que conocemos totalmente la verdad sobre un asunto?

Si te dicen que caí … Qué buen título para una novela en memoria a los caídos, aquellos derrotados por la guerra (pero no vencidos). También es una despedida de la infancia, así como un símbolo de la caída de sueños y esperanzas. Y, por supuesto, una lluvia de realismo. Tanto que la obra refleja los propios recuerdos de su autor, Juan Marsé, quien vivió su niñez en la posguerra, y de una forma parecida a la de los chicos de la pandilla que se muestran en la novela: sucio, en un barrio ruinoso y sin ninguna posesión más que su propia imaginación.

Definiría la época tratada como un infierno. Una vida en la que los hombres no tenían trabajo, en la que muchas viudas tenían que convertirse en prostitutas para dar de comer a sus hijos, y en la que, precisamente estos, los niños, eran los más malparados puesto que, como antes he señalado, les arrebataban lo más preciado que tenían, su niñez e inocencia. Y esto es algo que nunca regresa. Nadie puede devolvértela una vez que te la han quitado. Por desgracia.

De igual manera, en estos difíciles años de la posguerra española había una gran represión. Muchos españoles tuvieron que entregar todo el dinero que, honradamente, habían ganado. Es horrible que te quiten algo que con el sudor de tu frente has conseguido. Despreciable. Y ver a tu familia pasar hambre por algo ajeno a ti. Rabia.

Emigraciones, familias destrozadas, llantos… Esta obra te hace ponerte indirectamente en la piel de quienes vivieron esta miserable etapa. Esto es lo que buscaba Juan Marsé, ponerte en situación. Y tú mismo eres el que, valorando los hechos, los repugnas.

Sin embargo, y por difícil que sea asumirlo, no hay tantas diferencias con respecto a la España de hoy en día.  Por supuesto, en la actual hay muchas cosas que no se permiten, como dejar que familias vivan en condiciones miserables, que los niños no puedan tener acceso a una educación, o que podamos ser manipulados por aquellos que, económicamente hablando, son superiores. ¿O sí?

Los españoles son obligados nuevamente a emigrar. La diferencia entre el hoy y el ayer es que ahora son muchos los que lo hacen con títulos universitarios en sus mochilas.

Poco más puedo decir de este denso libro con tanto contenido y que tan complicado me ha resultado. Supongo que para comenzar a leerlo tienes que estar totalmente preparado para ello. Pero, aun así, quien presuntamente lo entienda de la primera a la última palabra, ¿logrará conocer la verdad?

Lo que está claro es que este rompecabezas, para aquellos que consiguen recomponerlo, es una auténtica aventis.

Sujétalo en la axila

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Esperanza González Moreno | 2º Bachillerato

 

Esperanza González, complejo hospitalario Infanta Cristina, Badajoz, marzo de 2016. Yo llevaba dos días tirada en la cama. Creo que llegó cuando mi madre salió para comer algo, sí. Estaba en mitad de una de mis fiebres, así que quizá algunos detalles estén un poco distorsionados. ¿Sabes que al final resulta que no tenía nada más que un virus? Pues sí, ni una pizca de heroicidad. En aquel momento yo casi podía asquearme al saborear el mezcal Los Suicidas. Llegó una de esas enfermeras, una de esas que eran sólo sonrisa. Lo veía todo borroso, me aburría mirar las cosas con gafas. Normalmente no me gusta estar sin ellas, pero supongo que como todo lo que allí veía me desagradaba tanto, mi cerebro decidió que estaba harto de verlo todo en HD. Bueno, que él llegó justo después de que me cambiaran el gotero. Era de una estatura normal, quizá algo bajo, pero yo lo veía alto desde mi postura tan horizontal. Llevaba el pelo largo y era muy oscuro. Tal y como estaba descrito por todos en Los detectives salvajes, excepto por aquellas canas que lo salpicaban aquí y allá. Me pareció atractivo, me recordó a alguien que no supe identificar. Se sentó en el borde de la cama y empezó a liarse un cigarrillo. Recuerdo que mi puritana compañera estaba dormida, porque si no, ya estaría apretando el botón de alarma que creo que gastó en aquellos días. Sus vaqueros eran demasiado estrechos para un hombre de su edad, en aquel momento pensé que eran de Piel Divina. Pobre Piel Divina. Aunque él sí que consiguió una historia heroica. Todos los real visceralistas tenían alma de héroe, ¿no? Alma o algo, o maneras o lo que sea. Ellos eran la literatura. Cuando lo leía lo pensaba. Sentía envidia de ellos, de ese aire tan indescifrable que tenían. Eran literatura porque iban en contra de todo. La literatura es un arte y el arte no consiste en hacer lo que se espera, sino en ser controvertido, en extrañar, en ser menospreciado y rechazado. Y ni siquiera tiene que ser así, porque el arte no sigue ninguna norma, hace lo que le da la gana. Lo que yo diga sobre el arte no va a ser el arte, ni lo que nadie diga porque el arte no se define, la literatura no es una piscina, los visceralistas nadaban en el mar del universo. Leyendo sobre ellos quería ser ellos, conocerlos, comprenderlos, quería algo más pero sabía que no se podía. Y entonces va y aparece Ulises Lima. Me explicó que había oído algo sobre mí. No especificó el qué, supuse que nada bueno, porque estaba muy serio, demasiado. Me gustó su acento, no era  exactamente como una telenovela pero recordaba algo a estas. Ya tenía arrugas y no estaba tan flaco. Me dijo que Belano estaba  bien, que no sabía por dónde andaba, que no le echaba de menos, que estaría con su hijo o algo así, no me acuerdo. Le pregunté si García Madero era de verdad un real visceralista y me dijo que todos y ninguno lo eran, que ya no había ningún visceralismo pero que él seguiría siempre siéndolo. Me sentí tonta escuchándolo, no le entendía, hablaba bajito y como para sí. Y yo no le entendía. Y mi temperatura corporal quería equiparar a la de sus pulmones en aquel momento. Quise llorar, la fiebre me entraba ganas de llorar. Creo que él lo vio venir, así que cogió un papel y me hizo aquellos acertijos del mexicano visto desde arriba. Aquello lo entendía y me hizo reír. Pero seguía sin entender qué hacía allí. Se lo pregunté y me dijo que oyó que estaba leyendo sobre él, que había soñado con él y, como no tenía otra cosa que hacer, vino. ¿Y ya está? Sí, ¿qué más? Me preguntó si quería mota y no estaba muy segura de lo que era así que le dije que no me apetecía. Me dijo que vino porque le apetecía, porque quería enamorarse o correr aventuras o morirse o no sé. Como te he dicho, apenas le entendía. No sé cuánto tiempo estuvo contándome sus cosas, lo de su viaje a África, lo de Claudia y lo de Cesárea. Dijo que creía estar enamorado de ella, que era algo extraño. A mí no me lo pareció, Ulises Lima es un personaje literario, es su obligación y destino no hacer lo normal. Pero él a veces no lo ve. Tiene como una visión muy global y muy individual a veces, ¿sabes? A veces creo que soy yo la que me he enamorado de Ulises, o quizá de su idea de amor. A lo mejor eso fue lo que me pasó, por eso me puse mala. Los síntomas del amor son los mismos que los del cólera. Pero como yo no he visto los síntomas del cólera, los síntomas que presento son los de un virus medianejo. Pero no creo, porque conocí a Ulises Lima ya en el hospital y sólo lo conocí en persona al tercer día de estar allí. Pero Lima es alguien de quien te puedes enamorar fácilmente. Aunque no lo entendiese. Es extraño estar junto a él, te inspira palabras como ecléctico, gloomy, pusilánime, pico, chirivías, mezcolanza, cosy… palabras que suenan guay, no sé. Después se sentó en el sillón y se quedó medio dormido, pero no paraba de hablarme. Me dijo que dejase de cuestionarme la muerte de Cesárea, que él no apretó ningún gatillo, que todos sentían su muerte. Yo no le dije nada, me daban igual aquellas explicaciones, secretamente seguía encontrando extraña aquella búsqueda y posterior muerte sin lamentaciones ni nada. También me habló de Sonora. Me dijo que estando en África se acordó demasiado de Sonora. Es sospechoso que usara ese modificador, demasiado. O al menos a mí me lo parece. Quizá me vuelva paranoica, quizá sí que me defraudó y, aunque me sorprendió y agradó verlo sentado en el borde de mi cama  y después en aquel sillón verde raro, en mi interior esperaba algo más a donde él nunca llegó. Siempre he pensado que mi vida cambió en el momento en el que eligieron este nombre para mí. Creo que llamándome así me hicieron ser demasiado optimista, albergar demasiadas ilusiones, hacer demasiado honor a mi nombre. Por eso siempre he sentido lástima de las Dolores del mundo. Aunque tampoco  es que las Esperanzas sean más felices, estamos constantemente defraudadas por el mundo. Pero volvamos a hablar de Ulises Lima. Me dijo que encontró interesante la obra  de Roberto Bolaño, que él era más de poesía y tal pero que le gustó. Que Roberto Bolaño no era un Octavio Paz ni algo parecido a un seguidor suyo, así que le caía bien. Hablaba tanto Ulises… Me contó que aún seguía escribiendo, que el real visceralismo o lo que fuese que ellos fueran seguía allí, que García Madero se fue un día en aquel mítico Impala a casa de Cesárea Tinajero y le trajo todos sus cuadernos pero que aún no se los había leído, que estaba muy interesado pero que no tenía tiempo. Recuerdo que entonces recordé que antes me había dicho que se aburría bastante, que necesitaba encontrar alguna ocupación, pero yo no le interrumpí, era relajante escucharle. De hecho, lo es. Se fue al rato y justo después llegó mi madre, que se alteró al tocarme la frente. Pero yo me sentía bien, extrañamente, pese al fraude y todo eso. Es que es extraño este Ulises Lima. Creó una atmósfera extraña en mi habitación. Estuvimos un buen rato hablando. Él estuvo un buen rato hablando. Casi me pareció que estábamos en la casita de las hermanas Font en algunos momentos. Me habló de literatura, me habló de autores que no conocía, de extrañas historias. Me fascinó con sus historias de tal manera que aún me cuestiono si no se las iba inventando sobre la marcha. No me importa. Me hizo sentir una inculta total pero no me importó. Antes de irse le pregunté si quería jugar con el mando de la cama y me dijo que ojalá tuviese una, que era chévere o algo así. Pero no tocó ni un solo botón, creo que aquello de que le gustaba lo dijo solo por cumplir. Y luego ya se fue del todo. Y yo ya tenía treinta y nueve dos. Paracetamol. Calor. Calor. Sudor. Horror. Tranquilidad. Tranquilidad. Temperatura normal. La bandeja con la cena. Y la magia se fue por donde y con quien vino.

 

(Ensayo basado en la novela Los detectives salvajes de Roberto Bolaño)

Carnaval de Barcarrota

carnaval barcarrota

Ángel Luis Gallego | 2º ESO A

Barcarrota es un pueblo que, aunque sea pequeño,todos los años se llena en la fiesta de  carnaval. Todos los años hay trajes impresionantes.

Este año ha habido una comparsa nueva llamada “ANUBA” que iban vestidos de alien. Tenían un traje muy bien hecho pero los colores no eran muy bonitos. Una comparsa que no falta nunca son “LOS MAKUMBAS” que una vez más este año nos han sorprendido con su traje.

Los premios más importantes son los de comparsa aunque también hay para murgas, individuales, en pareja y el premio del artefacto que es al objeto mejor construido y decorado.

Han quedado en primer lugar una comparsa llamada “LOS CINEMA” que iban vestidos de bailarinas encerradas en una caja enorme. También se han llevado el premio al artefacto ya que sus cajas estaban muy bien trabajadas.

En segundo lugar han quedado la nueva comparsa ”ANUBA” porque también se merecían ganar porque llevaban ritmos con instrumentos de percusión y tenían una coreografía excelente.

Y en tercer lugar han quedado “LOS MAKUMBAS” que, aunque este año iban menos y solo tocaban percusión, su traje era impresionante y sus ritmos también.

Una vez más se demuestra que Barcarrota, aunque sea un pueblo pequeño, tiene un un carnaval muy bueno y todo el mundo lo disfruta.